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Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, así el lujo emponzoña toda una nación. Fénelon

The Umquhile Shadow-Paraphernalia With Hands-on RipeningHoy estaba realizando el test de pares y nones para comprobar que tipo de jefe eres, es gracioso para perder cinco minutos de nuestro tiempo. Cuando lo realizaba, me acordé de un experimento sobre comportamiento y obediencia de Milgram. El famoso experimento Milgram

A veces damos autoridad “quasi” refleja a una persona justamente solo cuando este asume el rol de jefe. A lo mejor queremos pensar que nuestros amigos, compañeros de trabajo o incluso nosotros mismos somos incapaces de hacer daño sólo porque alguien nos lo ha dicho previamente. Ya veréis que estáis muy lejos de la respuesta que habíais pensado anteriormente.

Cuando un compañero de trabajo adquiere autoridad o asume el rol de jefe, pensamos que este tendrá un comportamiento como anteriormente habíamos manifestado, el de una persona que nos llevara por el sendero adecuado, una persona que va a seguir unas directrices que vienen de más arriba y que por supuesto no harán que nuestro trabajo o vida sean de una manera u otra intolerable. Cundo veamos y analicemos algunos datos  del experimento Milgram veremos que dos de cada tres personas que se sometieron al mismo, se convirtieron en “sádicos” por el simple hecho de que había una autoridad superior que les “sugería” que siguiesen con el experimento.

Dos de cada tres personas son capaces de cambiar su manera de ver el mundo, simplemente porque la autoridad te lo pide y hace que tus creencias o valores cambien, dando por hecho que las de la autoridad “es lo adecuado”. Creo que las personas nacemos con  el binomio de elección” blanco- negro”, “héroe – criminal” y podemos ver un ejemplo claro de cómo la autoridad se asume en  la Alemania Nazi. Allí no se cuestionaron el mando a la hora de atribuir a las razas que no consideraban “arias” elementos a exterminar. Había millones de alemanes que eran buenas personas, pero la autoridad les dijo que camino tomar y nunca lo cuestionaron.

La gente piensa que la persona que manda tiene cierta verdad absoluta incuestionable y mucho más pasa si estas personas empiezan a ser “gurús” de nuestras organizaciones o grupos de amigos. El problema viene dado  cuando nosotros seamos jefes y empecemos a asumir el rol que queremos llevar del binomio. Si no somos jefes que cuestionamos las malas prácticas en nuestra organización, nos convertiremos en jefes sádicos o “maestros” (leer estudio), que no cuestionan a esa “autoridad”. A la pregunta ¿Qué tipo de jefe vas a ser?, da bastante miedo la respuesta y más viendo los resultados que hemos comentado.Dos de cada tres personas asumen lo que diga su jefe. La respuesta a mi manera de entenderlo es que seremos tan buenos jefes como nuestro superior o jefe lo sea. Que seremos tan buenos jefes como estemos dispuestos a cambiar y no seguir con las prácticas que no consideremos oportunas. Tendremos que saber cuándo parar la rueda de los “voltios” del experimento. Aquí os dejo las conclusiones y el experimento que llegó Milgram en la Universidad de Yale. Sólo quiero decir que los jefes tóxicos en las organizaciones, y por muy bien que vayan estas, se convertirán a las organizaciones en tóxicas y en cualquier momento terminaran reventando por algún lado (ver caso ENRON).

Recomiendo para leer Slater, L. (2006). Cuerdos entre locos. Grandes experimentos psicológicos del siglo XX. Barcelona: Alba

Estudio del comportamiento de la obediencia: Experimento Milgram

A través de anuncios en un periódico de New Haven se reclamaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al «estudio de la memoria y el aprendizaje» en Yale, por lo que se les pagaba cuatro dólares. A los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en un investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación: desde los que acababan de salir de la escuela primaria a participantes con doctorados. El experimento requirió tres personas:

El experimentador, el «maestro» (el voluntario que leyó el anuncio en el periódico) y el «alumno» (un cómplice del experimentador que se hace pasar por participante en el experimento). El experimentador le explica al participante que tiene que hacer de maestro, y tiene que castigar con descargas eléctricas al alumno cada vez que falle una pregunta. A continuación, cada uno de los dos participantes escoge un papel de una caja que determinará su rol en el experimento. El cómplice toma su papel y dice haber sido designado como «alumno». El participante voluntario toma el suyo y ve que dice «maestro». En realidad en ambos papeles ponía «maestro» y así se consigue que el voluntario con quien se va a experimentar reciba forzosamente el papel de «maestro». Separado por un módulo de vidrio del «maestro», el «alumno» se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata para «impedir un movimiento excesivo». Se le colocan unos electrodos en su cuerpo con crema «para evitar quemaduras» y se señala que las descargas pueden llegar a ser extremadamente dolorosas pero que no provocarán daños irreversibles. Todo esto lo observa el participante.All of these Emotions of Mine - Chiaroscuro Self Portrait

Al investigador, sentado en el mismo módulo en el que se encuentra el «maestro», proporciona al «maestro» una lista con pares de palabras que ha de enseñar al «alumno». El «maestro» comienza leyendo la lista a éste y tras finalizar le leerá únicamente la primera mitad de los pares de palabras dando al «alumno» cuatro posibles respuestas para cada una de ellas. Éste indicará cuál de estas palabras corresponde con su par leída presionando un botón (del 1 al 4 en función de cuál cree que es la correcta). Si la respuesta es errónea, el «alumno» recibirá del «maestro» una primera descarga de 15 voltios que irá aumentando en intensidad hasta los 30 niveles de descarga existentes, es decir, 450 voltios. Si es correcta, se pasará a la palabra siguiente. El «maestro» cree que está dando descargas al «alumno» cuando en realidad todo es una simulación.

El «alumno» ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas. Así, a medida que el nivel de descarga aumenta, el «alumno» comienza a golpear en el vidrio que lo separa del «maestro» y se queja de su condición de enfermo del corazón, luego aullará de dolor, pedirá el fin del experimento, y finalmente, al alcanzarse los 270 voltios, gritará de agonía. Lo que el participante escucha es en realidad un grabación de gemidos y gritos de dolor. Si el nivel de supuesto dolor alcanza los 300 voltios, el «alumno» dejará de responder a las preguntas y se producirán estertores previos al coma. Por lo general, cuando los «maestros» alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus «alumnos» y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los «maestros» se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su «alumno». Si el «maestro» expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:

  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si después de esta última frase el «maestro» se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas. En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todo el mundo paró en cierto punto y cuestionó el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.

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